vulnerant omnes; ultima necat
Llegamos a Júpiter a las seis;
no sé si de la tarde o de la mañana,
no sé de qué día de la semana,
no sé de qué lugar de la tierra,
no sé de qué año en particular,
no sé si a las seis en punto
porque el reloj se detuvo
y luego no paró de dar vueltas.
Mientras tanto,
ellos allá subiendo y bajando escalas.
Sumando y restando vidas.
Construyendo edificios menos altos que su ego.
Los cultivadores son detenidos
y los que pasan por la vida
cosechando siembras ajenas
son exaltados.
Aquí en Júpiter son las seis;
y lo serán por siempre.
La rueda gira sobre su eje.
La rueda abandonó el piso.
Aquí estamos todos de acuerdo, todo va mal.
Ya lo sabemos (todos), no nos lo tienes para qué recordar (a cada uno, cada vez).
Si fuera posible acondicionaría el condicional,
dejaría todo lo que no he sido capaz de dejar atrás.
La santidad consiste en abrir las piernas
en mitad de un vals,
la cristiandad no es más que la más antigua campaña de publicidad
(operación psico-social)
Doy fe de que carezco totalmente de esperanzas,
creo fervientemente que me haría bien creer en algo;
creo que nos haría bien (¿Y?)
La mitad de la naranja
se vistió de sol y amaneció:
nadie la vio.
En la granja nadie se despertó
¡Ay, dios! (no hay dios)
Cómo quisiera que fueras yo,
como quisiera creer
que no fue el dinosaurio el que te extinguió.
Serás lo mismo que el que sueña,
soñarás conmigo o seré soñado,
acabarás bien acabado
o te sacaré la sangre del costado.
Me cuesta acostarme a tu lado
sin soñar lo mismo que tú:
que yo también soy dios.
el libro
La luna tenía la idea de ir a vivir muy lejos,
donde los nobles amores aún no sean negocio,
donde los sueños buscan refugiarse de su destino,
sobre la ensenada de la vida.
Cruzar el lago
que se puebla de una triste espuma
como ignorados copos de nieve
blancos y hermosos,
negros y hermosos.
Y allí, tal vez hallar
-bajo otro cielo-
un misterio protector.
Pero al sentir en su cuello
su animación ausente,
gimió de pena.
Poco a poco ha hecho un lado la tristeza,
entendiendo su destino aciago.
Por eso quiere contar su historia
y por eso escribió un libro.
No todos los días se puede destruir un día cualquiera.
certezas sobre el fin
el fin no aparece nunca porque está siempre presente.
el cambio no es el fin.
obviando el hecho de que nada es bueno o malo en su esencia,
lo que consideramos malo no necesariamente augura el fin.
hay incertidumbre después del fin.
eso es lo angustiante -que muchos valoramos negativamente-.
para constatar el fin hay que estar después del fin.
para estar después del fin habría que ser una especie de ser infinito.
no podemos constatar el fin.
sólo el cambio.
hay un punto para cerrar el fin.
pero aunque lo sitúe gráficamente,
este texto se seguirá narrando infinitamente en tu cabeza,
así que tampoco tiene fin.
tiene tantas ramificaciones como lectores.
a su vez, es una ramificación de mi pensamiento,
por lo que el fruto de la lógica que produzca en un lector potencial,
sería producto de mi pensamiento.
pero mi pensamiento está atravesado por miles de ramas.
así que no es mío.
-sigue en algún otro post-
nadie me conoce mejor que los extraños
extraño a todos los que me conocen
los que me conocen dicen que soy extraño
es extraño que alguien me conozca (ni yo me conozco)
nunca vas a conocer extraños
-porque si los conoces ya no son extraños-
los extraños se gustan en la noche ♪
:noches extrañas conocí-
una noche…
es extraño, porque se hizo de noche
/mañana, extraña/
conoce extraños y te conocerás a ti mismo
¿por qué hablar con extraños?
¿dices que yo soy extraño?
tu no has conocido lo suficiente
¿qué ves en los extraños?
aquello que no te gusta ver en ti
filosofía barata y una canción, de goma
ten piedad, no seas así
pensé que era la luna
por fin llegaste
y te fuiste por la vereda de enfrente
por la vereda del frente
tu frente donde
se ve un brillo
reluce en la noche
con una claridad
que llega desde la ventana
es blanca
si hubiese sido amarilla
podría haber sido del foco
del tendido eléctrico
del alumbrado público
si iluminara ese rincón
que aloja el vello púbico
si fuera claridad
si disipara la oscuridad
un brillo desde la ventana alumbra tu frente
pensé que era la luna
me equivoqué
sangre en las uñas
podría escribir cualquier cosa que no tuviera que ver con tus ojos
podría escribir sobre tu boca o tus dientes
que me gusta que me muerdas
o que me gusta lamer esos labios
podría escribir sobretodo sobre las cosas que pienso cuando te veo frente a mí
podría escribir lo que siento cuando tus manos me tocan
pero, ¿podría escribirlo? ¿describirlo? ¿decirlo? ¿explicarlo?
la verdad es que no podría
lo único que puedo hacer en esta noche plana
es recordarlo con fuego en las manos
puedo maldecir a todos los que se acuerdan de mí y me desean mal
a todos los quieren romper nuestra unión porque sus uniones no funcionan
a toda esa mierda que se secará en el pavimento sin amor
porque mi amor es solo tuyo
mi corazón
porque si no estoy contigo me muero
y es fuerte decirlo cuando ya no soy adolescente
y jamás verás estas palabras
jamás sonarán en tu cabeza al leerlas
jamás, pero las escribo
te extraño y te amo
vuelve pronto que sin ti me muero
dialogo matemático
Y: ¿Cuándo vamos a dejar de ser sombras?
X: Cuando se apague la luz.
Y: ¿Se acabarán las sombras?
X: Sólo habrá sombras.
Y: ¿Cuál es la causa?
X: Que la sombra sólo es posible gracias a la luz…
Y: Entonces, si no hay luz, lo que queda no es sombra tampoco…
X: Llámale como quieras, no vas a poder ver nada de lo que hay en el mundo…
Y: Entonces, le llamo luz.
hay aquí un salón
con las ventanas rotas
de hecho, son los vidrios de las ventanas los que están rotos,
están trizados
y el reflejo que dibujan en el piso
crea la ilusión de que el piso está fragmentado también.
hay un gran piano de cola en una de las esquinas.
es negro y lo toca un jorobado delgado
a diferencia de la mayoría de los jorobados
es hermoso
sus extremidades son finas y largas
sus brazos extendidos como alas rebasan la longitud del piano.
está sobre un banquillo sucio
pero viste elegantemente
y sus manos bailan al ritmo de la melodía que ejecutan
el valseo de sus pies descansa de vez en cuando en los pedales
para detener por un instante las vibraciones
que inundan el salón de las ventanas rotas
son ventanas largas
el techo del salón es imperceptible
no es lo que importa de esta escena
en la esquina del piano se junta con el suelo
y no se sabe cómo llegó tan abajo
no hay pared… sólo hay unas sombras
y un jorobado hermoso tocando el piano
de pronto, se equivoca de acorde
y la melodía pierde su continuidad
esa continuidad que nos hacía contemplar el salón
y sus ventanas rotas
se corta la melodía, los dedos tropiezan en su baile y caen
el jorobado se desploma sobre las teclas
y es horrible
la luz que entra por las ventanas rotas del salón llega a su rostro
una lágrima cae por el rabillo del ojo
hay aquí un salón
remolinos en la ventana
me gusta hacer burbujas,
me gusta soplar remolinos,
me gusta apagar las luces y abrir la ventana
mirar hacia afuera sin que nadie me vea,
me gusta escuchar los organillos de los organilleros,
me confunde el ritmo cuando los giran
junto a los chinchineros,
me gusta verlos girar,
me da vértigo.
me gusta pintar con témpera ocupando los dedos,
me gusta pintarte la nariz
cuando tengo los dedos con témpera,
me gusta abrir la ventana y mirar a la gente
y que la gente no me vea
haciendo burbujas,
soplando remolinos,
dándote un beso en la boca.
feral
Ayer soñé con unos animales cabizbajos que huían subiendo unas intrincadas escaleras. Al tiempo que otros, de mirada festiva, cruzaban de un restaurante
hacia un salón de baile.
Al encontrarse, se saludaban cordialmente, pero unos tenían la premura del que es perseguido por la muerte, mientras que los otros llevaban la alegría de quien ve la muerte a través de un cristal, sin ser jamás tocado por ella en lo más mínimo.
Los que arrancaban, buscaban espacio entre la multitud. Las escaleras eran estrechas; era un laberíntico preludio a la muerte. Mientras que para los comensales, la escalera representaba el desagradable transitar
entre la comida y el baile.
Se produjo tal aglomeración en el descansillo central -punto de encuentro de ambas castas-, que el fuego alcanzó a las bestias que se encontraban al final de la multitud de desdichados.
Viendo que el fuego se encontraba a menos de diez metros, los elegantes abandonaron la cordialidad y comenzaron a empujar a la masa, con el fin de entrar al salón de baile cuanto antes. Olvidando los saludos, se agolparon en la entrada y una vez que todos hubieron ingresado al recinto, sellaron la entrada con la hermosa puerta de cristal blindado, adornada con molduras que simulaban ángeles en ambas cabeceras. El resto del frontis del club, era continuado por una vitrina también de cristal, donde por dentro se agolpaban las bestias sorprendidas de la cercanía con que habían presenciado la muerte, y entre ellas comentaban cuánto mal les sentaba presenciar semejantes escenas para la digestión de la comida recién ingerida.
De los cabizbajos no quedo uno solo en aquel callejón de escaleras. Los que lograron llegar al final, subían con tal prisa que no advirtieron en la inmensa oscuridad el fin de las mismas y hubieron de caer por un rústico desfiladero perpendicular al mar, que embellecía la vista del restaurante que abandonaran los animales sonrientes, luego de un magnánimo festín.
Luego de sobrellevar la impresión que produjo en ellos tan repugnante acontecer, los del club se dispusieron a olvidar el asunto y dejarse llevar por la música que inundaba el recinto, interpretada ahí mismo en un pequeño escenario al fondo del salón, por un inmenso animal que descargaba sus fuerzas sobre un gran piano que parecía desbordar de la ínfima tarima.
Al repartirse las parejas de bestias por aquel lugar, se descubrió lo peor: uno de los patéticos fugitivos había ingresado, tal vez producto de la aglomeración y se encontraba tirado en el piso, tembloroso y observando las expectantes miradas que se posaban sobre él.
Algo como cólera infundada brotó como enredadera en el corazón de aquellos animales que sin piedad se abalanzaron en multitud sobre el desdichado y lo desmembraron a fuerza de tirones y sin prestar atención a los suplicantes gritos que escapaban de sus fauces. Una vez acabada esta operación, colgaron los miembros en cada uno de los candelabros que iluminaban el local y pusieron la cabeza sobre el piano que mientras sonaba, hacía bailar los ojos desorbitados de aquel rostro sin vida, pero que poseía en su semblante la mueca del terror y la desesperación de la brutalidad con que había sido despojado de su existencia.
El baile estuvo tan agitado, que la sangre regada en el piso se esparció por toda la sala y hubo que pintar el salón completo de un tono bermellón. En las noches subsiguientes, tal vez el tono del salón, tal vez el hedor de los miembros que se descomponían bajo los candelabros, despertaba en los animales una excitación inexplicable, que los hacía embriagarse toda la noche de sexo, sangre y libaciones varias.
un pasaje
Escribo las palabras que quizás nunca te voy a decir,
y es mejor que se queden así,
no sé si las quieras oír:
No sería lo mismo para mí si estuvieras aquí,
justo aquí…
sé que pronto vas a volver a estar junto a mí,
voy a volver a ser feliz;
es como si me pudiera cobijar en tu aura;
es como si con esos ojos me dieras la seguridad que me falta,
puedo saborear tu sonrisa cada día
y sabe distinto,
eso me anima.
Me anima a seguir pateando las cabezas muertas que
caen sobre mi espíritu como una incesante lluvia de dolor
y quieren quitarme la respiración,
de todas formas, quiero seguir contigo hasta el fin
de este pasaje en el que me encontré frente a ti
y como nunca lo había hecho, esta vez me atreví
y como nunca, estoy seguro de que al salir
vamos a encontrar la luz que andamos buscando;
vamos a salir mas felices y con más amor;
vamos a recuperar el corazón.
